la vida en verso

Pasear por Córdoba en primavera es de lo más poético. Ahora con lo de Cosmpoética, lo es aún más. Caminar por sus perfumadas calles de azahar, de acacias, de amelias, tiene su punto. Los sentidos se bañan de pétalos y en el recorrido los geranios y las gitanillas invitan a la degustación de la primavera. En el trayecto, estos días, se mezclan las flores con poemas de Miguel Hernández. Una efeméride, la de su nacimiento, que además de animarnos a releer sus versos, debería de servir para cuestionar el encarcelamiento de las personas.

La cárcel como una institución de castigo y tortura. Unos establecimientos inútiles donde se derrocha dolor y sufrimiento. Como el que pasó el de Orihuela, al que sólo la fatalidad, como tantos otros, condujo al presidio y a la muerte. Como tantos otros, repito. Vendió su reloj y su traje en el Rosal de la Frontera, huyendo del fascismo de la falange que regresa de nuevo vía judicial,  para que nadie toque la barbarie provocada. Sus pintas, tal como te juzgan también hoy, desaliñado y cansado, hicieron sospechar al comprador de que en realidad aquel tipo era un ladrón y lo denunció. Una fatalidad para el de las “nanas de la cebolla”. Y otra más: uno de los guardias civiles del puesto fronterizo era natural de Callosa del Segura, próximo a Orihuela, y lo reconoció. De ahí a la muerte lenta y ágonica.

Como tantas que impiden investigar los jueces más a la derecha que nunca, que los crímenes del franquismo son caso cerrado y no existe la independencia judicial, que ya lo dejó atado y bien atado, Aznarín de Castilla. En este 14A, con las dos Españas enfrentadas de nuevo, con Pedro J. y J. Los Santos, en el papel de Queipo de LLano y la Universidad y los Sindicatos en la otra orilla, me dejo caer en el Alcázar de los Reyes Cristianos. En su pórtico, unos con caretas de ovejas negras. Intuyo que es otra  imagen del diseño de la espectacular campaña de marketing que publicita la oficina de los versos de Manolo Pérez. Son sin embargo, un grupo de trabajadores de la empresa municipal de Mercados, Mercacórdoba. Que reparten versos en la obra poética de la desigualdad. Piden equiparaciones salariales con sus compañeros.

En uno de los renglones del panfleto poético resumen: donde el salario ni siquiera a los mil euros llega, usted no tiene conciencia , al alcalde de iu, para ostentar el cargo que ostenta. Ya dentro, en el salón de mosaicos, expectación para ver al polémico escritor francés  Michel Houellebecq. El galo, considerado un autor de la contracultura, que raja del mayo francés y políticamente incorrecto, leyó sus versos melancólicos, tristes y angustiados ante el  público que se quedó mudo cuando a los veinte minutos de su intervención dijo au revoir. Un tipo con un pesimismo militante y comprometido notables, enfant terrible y animador de la cosa que aquí, sin embargo, no cumplió con las expectativas de algunos. Autor de poemas y novelas, sus letras destilan desazón y desánimo. Tal vez como los tiempos que corren.

Así es que en la brevedad de su lírica, muy recomendable por cierto, daba tiempo para acercarse hasta el palacio de Orive, donde un público muy joven y no tanto, aguardaba a Rosario Villajos, Fran Nixon y Germán Coppini y Patacho. Dos nuevos y dos de la movida. Una apuesta arriesgada, que mezclaba la juventud y la madurez. Una espléndida ocasión para disfrutar de la voz de la Villajos y sus temas con letras de Manuel Machado, de la que se declaró superfan, la intrascendencia del Nixon y el gusto por lo bien hecho e inteligente del dúo Coppini, el de los malos tiempos para la lírica y Patacho, de los Glutamato Yeyé. Todo en un 14A. La primavera viene de lujo aquí.

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