¡mira esos bastardos muertos!

El aniversario de la muerte del periodista cordobés Julio A. Parrado, coincide con la difusión de un vídeo del asesinato de un grupo de civiles iraquíes en el que iba un foto-reportero de la agencia Reuters, Namir Noor-Eldeen, de 22 años, y su conductor, Saeed Chmagh, de 40, perpetrado  en 2007.

Ahora, pasados los años empezamos a ver algunas de las imágenes que en su momento nos fueron sustraídas merced a la censura impuesta por el mando aliado. 12 muertos. Estas secuencias, sin embargo, tampoco han sido vistas en su integridad en los Estados Unidos. Por respeto a las víctimas, leo.

Otra vez regresa la guerra, esa que a día de hoy escribe diariamente 30, 40  muertos en la rutina cotidiana del café con bomba con el que se desayuna en la antigua Babilonia desde la toma de Bagdad. En este siete de abril, fecha en la que cayó Julio, refrescamos la memoria del activismo que nos empujó a movilizarnos multitudinariamente, gritando aquel “no a la guerra” escrito en sangre.

Ya han pasado siete años desde la desaparición del compañero y amigo, al que conocí recién salido de la facultad en sus primeras prácticas en Canal  Sur Radio. Transcurrido este tiempo, las guerras siguen alimentado la industria del horror y los ciudadanos ajenos al espanto ajeno disfrutamos de la gesta de Messi en el Camp Nou. Apenas unos pocos colegas, familiares y amigos nos reunimos en los jardines rotulados con el nombre del compañero muerto.

Unas breves palabras para recordarlo y para no olvidar las “malditas guerras y a los malditos de quienes las hacen”, como tituló el padre del reportero en una conferencia que aquel día impartía sobre la República. Siento indignación y rabia por las muertes que causaron los artilleros del Apache.

Condeno la frivolidad de sus comentarios y la jocosidad ante el crimen impune. Un asesinato limpio, divertido de mando y pantalla. Una partida de un vídeo juego animada: vamos dispara, enciéndelos a todos, dispara…todo correcto, le he dado, mira esos bastardos muertos, qué buena puntería…Me imagino la escena en un salón de juegos recreativos,  de aquellos donde los adolescentes compartíamos las tardes, jaleando al más hábil disparando a marcianos, a monstruos, a seres imaginarios. Ahora la recreación virtual permite abatir personas en la consola infantil que traen los reyes y los cumpleaños, reconvertida años más tarde en la cabina de un mortífero helicóptero.

A la primera línea de las guerras mandan a los más jóvenes, a los que su ímpetu natural les nubla el alcance de la misión. A latinos y negros, a pobres, a inmigrantes que se dejan la vida por los papeles como el colombiano-español muerto en Afganistán, en una guerra asumida que dejará sus vídeos clasificados que se desclasificarán pasados los años, como éste que ahora vemos. La guerra en una pantalla. Los muertos por docenas en cada telediario, en el macabro afán de las redacciones por sumar más y más cadáveres que nos recuerden la fugacidad de la vida y  animar al tiempo al  compulsivo consumo que apacigüe la ansiedad que transmiten los medios.

La  madre de Julio vuelve a emocionarse otra vez ante el sitio que recuerda a su hijo. Unos jardines donde corretean los niños, ajenos a las lágrimas de Antonia, que se excusa por sus sentimientos, ahora que éstos apenas se expresan sino es por el último gol del argentino al Arsenal, unos metros más allá de la convocatoria.

Texto pronunciado en la Plaza de la Corredera de Córdoba en Abril de 2003, varios días después de la muerte de Julio A Parrado.

Más fotos del acto.

Periodistas norteamericanos denuncian la impunidad del ejército

Video de la matanza. Original en inglés

Video de un veterano de guerra estadounidense contra la ocupación de Irak

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