saludo a la primavera

Cuentan que en  el Valle del Jerte, un corredor verde de Extremadura, ha caído estos días una extraordinaria nevada. Desde sus cerros es posible contemplar un paisaje insólito que marca el comienzo de un nuevo tiempo . En su altura, quienes se asoman al valle, contemplan atónitos la inmaculada estampa. La suave brisa de la tarde mece las ramas de los cerezos donde se columpian las golondrinas. En la quietud de la tierra, silban y trinan los pajarillos anunciando la revolución del paisaje. Una copiosa nevada observada por niños de ojos inquietos , de miradas curiosas. Fotografiada por los forasteros que acuden de todos los rincones al disfrute de tan singular espectáculo, admirada como cada año por los vecinos de la comarca. Mirada de esperanza en la fe del milagro de la flor a la cereza.  Miles de copos en los que se miran al alba las jaras y lavandas. Espejos relucientes donde se despiertan las libelulas y se adornan las margaritas. Paisaje blanco perfumado de las esencias de la vida que por fin se abre paso en los cielos cálidos que se despejan en la conclusión del invierno. Renace así la existencia, en un tránsito lento que releva el sueño.

Una vez más, se recrea la escena y van quedando atrás las oscuras tardes, las mañanas húmedas, las noches infinitas… Una nevada efímera que dará paso al fruto deseado. A la jugosa carne, al refrescante estímulo que se deshace en la boca.

La ilusión forjada en semanas de recogimiento que brota espontánea, irremediable, imprevisible, ingobernable…

La vida, compañero que empuja… Esa que te mantiene y conserva pese a tanto contratiempo, pese a tanta resistencia. El sueño del renacimiento que siempre llega cuando se anhela ,y el propósito es simplemente ser feliz. Aquí con las calles de nuestras ciudades y pueblos encharcadas de azahar, con esa bendita lluvia blanca que nos perfuma y embriaga, nos convertimos en aerosoles y rociamos de dulces esencias  las celdas donde agonizan los hombres y las mujeres .   Las palabras que pulverizan los muros y pinturrajea las paredes  de libertad. Graffitis   que combaten la grisácea capa de los fríos tabiques de los aislamientos, allí donde sobreviven los que se resisten .

Aquí que abrimos una ventana sin rejas para que el aire suave de la primavera te acaricie después de tanta grosería. En este cerezo en flor desde el que te hablo, empleo la palabra para convocarte a un paseo a través del espacio encalado . Un sendero bordeado de romero por el que transitamos los amantes de la libertad, ahora que tan presos estamos de tanta bazofia publicitaria. Nos despojamos de las cadenas de la esclavitud y arrojamos al vacío los grilletes que nos inmovilizan frente al televisor. Tiremos las mordazas al fuego y avivemos las ideas, para que el viento las deposite en los seres humanos. En esta estación de esperanza, que ya está bien de tanta penitencia.

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