STRIPPER EN PICASSENT. LA DOBLE MORAL

foto: Helmut Newton

La cárcel valenciana de Picassent es noticia en prácticamente todos los medios de comunicación. Lo es porque en una fiesta navideña una mujer hizo un strip-tease ante 300 de sus reclusos. Un escándalo mediático en estos tiempos oscuros.

Una revuelta obscena sustentada en la moral retrograda y rancia que nos ampara. Los medios, el sindicato mayoritario carcelero, portavoces de la ciudadanía, moralistas, teólogos, pedagogos, especialistas penitenciarios, feministas, estudiosos, eruditos y científicos han alertado del peligro que supone excitar la libido de los cautivos, de dañar las neuronas donde anidan los buenos principios de la norma religiosa, la hipócrita norma, transgredida en la intimidad por quienes salen en defensa de la ley y el orden.

Detractores de la diversión y el cachondeo, del jolgorio, de la fiesta, del desparrame. Olé por el director de ese presidio Ramón Cánovas, que ha llevado unos minutos de recreo, un puñado de sonrisas a ese mundo tan lúgubre, tan triste, tan desolador, tan frío, tan solitario, tan inhumano.

Olé por los que tuvieron la idea de celebrar el año nuevo con algo diferente, con la leche condensada y el vibrador, la provocación, el erotismo y la desnudez de un cuerpo bello y excitante, como tantos ha recogido el arte en la historia.

Los medios absorben la ola de frío polar que desea arruinar nuestras almas, congelándolas, condenándolas al castigo eterno carcelero. A la penitencia, la castidad y la represión de las pasiones.

Señores de la moral que callan vergonzosamente, sin embargo, cuando cada semana caen en esta silenciada batalla nuevos efectivos de la desigualdad y la pobreza. Señores y señoras de la moral mudos ante la muerte goteada, como la de Jesús Vega Arenas, de 27 años, tan solo 27 años, que se ha ido de este mundo en la cárcel de Córdoba.

Por sobredosis?, por la metadona?, por la pelea por la que entró?, muerto por el olvido y el silencio de éstos que gritan porque un grupo de prisioneros disfrutaran por un rato de la fiesta del cuerpo hermoso.

Lástima que las mujeres, ahora tras la crispación desatada, que no puedan divertirse con un boy, un chico guapo y bien dotado en su módulo. En la siguiente reforma penitenciaria prohibirán expresamente la risa en las cárceles porque en los cementerios de seres humanos vivos no se contempla nada más que la tristeza, abandonada definitivamente la reinserción, una palabra que éstos conseguirán borrar de las leyes.
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