1984-2007 EL CONTROL DE LA VIDEOVIGILANCIA. EL CONTROL DE LA TELEVISIÓN

En 1949 George Orwell escribió 1984. Una novela de ciencia ficción donde los ciudadanos eran observados permanentemente por el Gran Hermano. Una pantalla que registraba todos los movimientos y grababa las conversaciones de las personas. No había prácticamente ningún rincón de aquel país que se librara de ese control. Sólo en los barrios más pobres escaseaban de esa vigilancia, ya que los parias no albergaban inquietudes y bastante tenían con sobrevivir a su miseria y escapar de los bombardeos que el “vapor” de vez en cuando realizaba contra la población civil.

En la novela, se alude a las tres consignas que el partido dominante proclamaba constantemente: la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud y la ignorancia es la fuerza. Se establecía que el principal delito era el crimen mental: discurrir en dirección contraria al pensamiento único. Se llegaba incluso a denunciar a los propios padres a la llamada policía mental, la policía del pensamiento. Aquellos que eran cazados en su disidencia, directamente eran “vaporizados” o desaparecidos. Se creó una neolengua que empobrecía el lenguaje y suponía la eliminación de las palabras. Si se reducían las palabras, se limitaba el pensamiento. La ortodoxia significaba no pensar.

En 1984 se mantiene la existencia permanente de la guerra y del enemigo.
Así se justifica el control social y la excepción. La novela, como digo, fue escrita en 1949. 58 años después Francia anuncia que en menos de tres años un millón de videocamaras vigilarán las calles del país galo para prevenir, se explica, el terrorismo y la delincuencia. Ahora ya hay 350 mil cámaras. En el metro de París se instalarán 6500 cámaras y crecerá el número de municipios en las que los aparatos estarán conectados con la policía. Otra de las innovaciones en la lucha contra el mal es la utilización de aviones espía. Unos avioncitos de un metro de ancho por 60 cms de largo provistos de una cámara para vigilar los barrios conflictivos y las concentraciones de personas.


La ficción futurista, como vemos, ya es una realidad. La idea de un enemigo permanente y malvado, es de nuevo, utilizada por los gobiernos para ejercer, como en la novela, el control, la persecución, la represión y la vaporización. Es decir la desaparición de aquellos que el Estado considera peligrosos para la seguridad. Tras los atentados de las torres gemelas de Nueva York, ya nada es igual en el mundo. Asistimos poco a poco al nacimiento de esa sociedad, donde el Gran Hermano ya nos observa y decide si somos o no peligrosos.

El Gran Hermano que sigue a uno de los que participaron en el horrible crimen de Sandra Palo. Lo saca en la tele moviéndose en libertad en Córdoba tras pagar parte de su condena y siembra la alarma entre la vecindad que hasta entonces no había respirado el miedo de tener junto a ellos a un criminal. Un joven de 18 años que, al igual que otros, tras cometer su salvaje acción, que se sepa no ha vuelto a delinquir. El Gran Hermano no cree en la reinserción, ni en la reeducación.

El Gran Hermano opta por vaporizar y desaparecer a éstos indeseables, pero también al resto que, por delitos menores, tampoco merecen tener una oportunidad. El programa de Ana Rosa Quintana, no ha contado que ha ocurrido en estos años con el Rafita. Cuál ha sido su evolución, ni detalla si su comportamiento ha sido indeseable o criminal. Sólo lo vemos hablando por un móvil en una tienda y cerca de la casa de acogida donde tendrá que permanecer en libertad vigilada durante tres años más. Por extensión, ahora los vecinos temen que el resto de sus compañeros tengan un perfil similar y comienzan a cuestionar la permanencia de ese piso donde se recuperan aquellos que en su día contravinieron las normas y atentaron contra los demás y también contra ellos mismos.

Como en la novela de Orwell, pronto el Gran Hermano justificará, no sólo la videovigilancia que ya es un hecho, sino la cadena perpetua, la reclusión indefinida y la vaporización, la desaparición. De seguir así las cosas se construirán más y más cárceles, más alejadas de las ciudades, apartadas del mundo y en su interior poco a poco se difuminarán las personas que no tuvieron quizás una primera oportunidad y a la que se les niega una segunda.
Además, los sujetos objetos de control serán cada vez más. Todos aquellos que cuestionen este nuevo orden y se opongan en sus pensamientos a mantener las estructuras represivas que consagren las desigualdades e injusticias sociales, a menudo, causa y origen de comportamientos violentos que sacuden nuestras conciencias.
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