COSTALERAS

Recuerdo a los costaleros de camisa blanca y toalla en la cabeza tomar un medio de vino al final de la procesión en alguna taberna que permanecía abierta cuando la España del General acudía obligatoriamente a los desfiles cuasi militares de Pascua.

De hecho eran las bandas de la Guardia Civil, de Infantería o la de los siempre vistosos Legionarios de cabra y patilla las que encabezaban el cortejo y custodiaban al doliente y a la dolorosa.

Los costaleros eran aplaudidos por el gran esfuerzo que realizaban al dejar el pico o la escoba, o la azada o la carga, para pluriemplearse por unos duros para que los devotos salieran de sus casas y cumplieran con el precepto.

Hombres de músculo y canas, de alpargatas arrastradas, de sudor que disipaba el incienso, vitoreados por la muchedumbre animada por el himno nacional, las eróticas mujeres de mantilla y tacón de aguja y los aplausos merecidos cuando derrengados devolvían la pesada carga al templo.

Años más tarde, aquellos hombres de necesaria paga costalera, desaparecieron. El sacrificio diario ya alcanzaba el fin de mes y sólo algunas procesiones, ahora los beatos están imponiendo lo de estación de penitencia, conservaron por buena paga, los siervos del señor.

Llegaron las ruedas y los capillitas enloquecieron. Se perdió mecer a la virgen y el tartamudeo cansino de los pasos de Jesucristo. Hasta que se obró el milagro. Los nuevos hermanos mayores y juntas de gobierno de las cofradías, muy apoyados por las instituciones públicas, Ayuntamientos, Diputaciones etc, amén de un progresivo interés de las televisiones y otros medios en la plástica semanadepasión, relanzaron las Cofradías.

Una mezcla de taberna cofradiera, club social , músculos de gimnasio, garbo torero con las nenas y un mensaje folclórico étnico religioso atrajeron a los chavales de las generaciones posteriores a las que corrieron de los grises y se encerraban en la universidad. La desmovilización social que causaron los gobiernos socialistas y la progresiva separación de los políticos profesionales de la calle, abocaron a un cambio sustancial en la cosa. Si durante el franquismo, los beatos abonaban con cuatro perras a los costaleros, ahora eran los propios chavales los que pagaban por meterse bajo las enaguas de los santos y gozar del reconocimiento social de la machada.

Unos años más y el discurso feminista alcanzó también a la fe. Las mujeres , demostrando que pueden ser iguales a los hombres y que tienen desde luego más espiritualidad, se fueron colando en las trabajaderas , barra de madera sobre la que carga el costalero el paso, y como en una del barrio del Campo de la Verdad de Córdoba crearon una leva únicamente costalera.

En la hermandad de la Virgen de los Dolores, una de las que goza de más adeptos, fieles y devotos, hace seis años se introdujeron dos de ellas. Durante todo este tiempo han compartido con los muchachotes las levantás, vamos valiente y todos por igual. Pese a lo reducido del espacio y su opacidad, hoy han declarado que nunca antes sus compañeros de fatigas les metieron mano ni les tocaron el culo.Y lo han dicho porque ha llegado un nuevo cacique a la Cofradía y las ha despedido, que hasta lo de costalera es precario.

Las ha puesto en la calle porque pueden provocar al macho y en el sudor ácido del esfuerzo ponerlo caliente y a la mierda el paso y la ovación. Nunca antes ha ocurrido, pero este tipo considera que los rozamientos pueden ser lascivos y conducir a una violación colectiva en medio de la carrera oficial y eso ya sería demasiado. Un episodio lamentable como lo es el rancio tufo facha que destila la naftalina de las túnicas y capirotes de estos individuos.

Marí Paz Gutiérrez, la directora del Instituto Andaluz de la Mujer de Córdoba, se lamentaba de la distancia de las leyes con la realidad. Acaban de aprobar la ley para la igualdad y aquí éstos discriminan a estas mujeres porque pueden incitar al pecado. Y así se perpetua el mito de Adán y Eva y al final la culpa de que las maten las tienen ellas por no someterse al imperio de la polla. Un machismo declarado que no se corta y se exhibe con absoluta normalidad en las pantallas y en la radio.

Ya podría la Junta de Andalucía dar el premio Meridiana a estas dos costaleras que se lo han currado entre tanto tío y abierto un hueco en el machismo latente en el nacionalcatolicismo que vuelve y no concedérselo a esa oportunista de María Fernández Pino, de la Unión de Empresarias de ella misma, que por segunda vez obtiene el galardón. La primera vez porque se puso de moda y la segunda porque a un caballero del Gobierno andaluz le pone. Machismo…
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