LA DERECHA SOCIOLÓGICA

En pleno debate sobre el caso de Juana Chaos, hago memoria y trato de explicarme el porqué hemos llegado a la situación en la que nos encontramos. Me vienen a la memoria dos recuerdos: la patada en la puerta de aquella célebre Ley Corcuera, impulsada por el ministro socialista y la no menos célebre frase del ex presidente Aznar: “vamos a limpiar las calles de delincuentes”.
Entre ambos median muchos años. Pero el hilo conductor es idéntico.
A la llamada “seguridad ciudadana”, que acuñó el PSOE tras gobernar con mayoría durante mucho tiempo, le siguió la “alarma social” preconizada por el PP. Ambas ideas tienen además el nexo común que vive el mundo desde que dos aviones fueron estrellados en las Torres Gemelas de Nueva York en septiembre de 2001, con la consiguiente sicosis general que desató entre los ciudadanos. Tres años después la matanza del 11-M.

El clima general de indignación/alarma social que ha supuesto la libertad atenuada de de Chaos tiene unos antecedentes que han modificado el pensamiento humanista y progresista de la izquierda en este país.

Desde luego en buena medida por cómo las posturas más reaccionarias y retrógradas se han venido imponiendo desde los sucesivos gobiernos en el poder. Muy nítidas durante los ocho años de mandato aznarista. Pero avaladas en la mayoría de los casos por los socialistas. Ahí creo que reside el origen de la modificación sociológica operada en el país apoyada en los medios de comunicación que hacen audiencia con los asuntos más escabrosos y macabros de la actualidad informativa.

Por no ir demasiado lejos, creo que es bueno recordar que el Código Penal ha sufrido varias reformas sustanciales que han ido en menoscabo del principio constitucional de la Reinserción Social. Los delitos se han endurecido y ahora se castigan más que antes. La idea expresada por los medios de que los delincuentes entran por una puerta y salen por otra, condujo a generar un discurso en el que se abundaba en más penas y más tiempo de cárcel. Así el catalogo se ha incrementado y la cárcel aparece como remedio necesario ante las nuevas conductas que aparecen en un mundo donde los valores han sufrido un cambio que no tienen vacuna con la reclusión.

Más años y más cárcel. Es curioso que mientras nuestro país es el que presenta un índice de criminalidad más bajo de la Unión Europea, delitos por número de habitantes, es sin embargo el que tiene la tasa más alta de presos de toda la Unión. Las condenas, efectivamente son más largas, 13 años pedía el fiscal por introducir una pequeña cantidad de heroína y hachís en la cárcel hace unos días en Córdoba, y además ahora se cumplen íntegras.

Dentro de estas reformas penales, insisto impulsadas por los gobiernos Aznar y apoyadas por el PSOE, se modificaron los castigos para los delitos muy graves y de terrorismo. Así de los 30 años que tipificaba la ley como máximo de cumplimiento efectivo en prisión, se subió a 40. En la práctica una cadena perpetua.

Se impuso como condiciones además el arrepentimiento del penado, la delación o colaboración con la policía y la indemnización a las víctimas, para obtener el tercer grado, la libertad vigilada y la libertad condicional. Reputados juristas consideraron entonces que esa modificación era una barbaridad.
En realidad se estaba legislando en clave política usando de las leyes como herramienta antiterrorista en una estrategia que reducía las garantías y derechos de los condenados. La ley y la Audiencia Nacional en el frente antiterrorista. Incluso se creó un Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria, en la propia Audiencia Nacional, que ninguneaba todas las peticiones que los presos de ETA en cambio si obtenían antes en los juzgados de vigilancia ordinarios.

A este rosario de medidas, que subrayo, la izquierda apoyó, se unieron decisiones judiciales como la llamada doctrina Parot. Un caso inédito en el derecho procesal español, que arruinaba el espíritu de los antiguos beneficios obtenidos al ser juzgados por el código penal antiguo, según la cual los beneficios se aplican a cada una de las sentencias del reo y no al conjunto o refundición de las condenas como se venía aplicando.

Así llegamos al caso de Juana Chaos, donde una vez liquidada su pena, el aparato judicial en combinación con el eje PP-AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo), Magistrados de la Audiencia Nacional, Pedro J Ramírez, Jiménez los Santos y la Conferencia Episcopal, fuerzan a una nueva condena por dos delitos de opinión del preso de ETA para evitar la salida de la cárcel, al igual que hicieron con Parot.

Todo este proceso es además paralelo al inicio de conversaciones entre el ejecutivo de Zapatero y la banda armada para el fin de la violencia en el llamado proceso de paz que ETA dinamitó en la T-4 causando la muerte de dos ecuatorianos. Es en éste clima cuando de Juana Chaos inicia una huelga de hambre pidiendo su puesta en libertad.

La decisión del gobierno de concederle la libertad atenuada no es suficientemente explicada por Interior que habla de motivos humanitarios en la medida, relegando a un segundo y discreto plano que efectivamente ha sido “un mal necesario y obedece a motivos de ingeniería política”. Primero para no hacer un mártir al preso. Segundo para evitar nuevas muertes en atentados de más personas y Tercero para no sepultar durante años el llamado proceso de paz.

Con todos estos antecedentes, el PSOE ha sido víctima de su propia medicina. Si durante años se ha aliado con las tesis más involucionistas de la derecha favoreciendo ese clima de intolerancia social que exige que se pudran en la cárcel los delincuentes sin explicar y atajar el origen del problema, si los socialistas en todos sus ámbitos de influencia han apostado también por una mayor dureza de los castigos y abandonando el humanismo del que ahora hacen gala con de Chaos, si han endurecido la ley penal del menor, si también legislan a golpe de telediario, si se han sumado a las tesis de la derecha que cuantos más policías mejor y una de sus últimas propuestas es la de colocar un policía en cada colegio, si en definitiva han sido y son rehenes de la derecha en un discurso que no le es propio, ¿ qué esperaban de la sociedad española que los socialistas han contribuido a crear?

Tienen la posibilidad de enmendar el discurso y regresar a posturas progresistas, constitucionales y tolerantes que conforman el pensamiento de la izquierda a partir de este caso.
Pero la presión mediática es y será feroz con aquellos que sostengan que incluso con tipos que hacen del crimen su sentido de la vida, la reinserción es posible y las palabras han de imponerse ante las rejas y el verdugo. Pronto veremos pedir a la extrema derecha (PP) pedir cadena perpetua y pena de muerte para los delitos más graves.

Tal vez por eso la alcaldesa de Córdoba Rosa Aguilar calle y no se posicione. Teme ante los suyos aparecer como reaccionaria y ante los otros como una comunista que justifica la bondad con los terroristas. El populismo del que hace gala la mantiene calladita.

Es mejor en estos casos llevar la delantera a la reacción y recuperar la ideología antes de que desaparezca definitivamente solo por amarrarse al poder sin el que algunos y algunas no son nada, nada. A la manifestación de Madrid irá muchísima gente y no todas votantes del PP ni de la extrema derecha. Hay un precedente que inició estas movilizaciones: el asesinato de Miguel Angel Blanco. El comienzo de la actual estrategia que cambia muertos por votos.
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