EL FRANQUISMO LATENTE

Mientras que los yogurines, una chirigota de Montilla, Córdoba, cantaba en el concurso local de agrupaciones, unos metros más allá del escenario, el cura del pueblo había convocado a sus adeptos y beatos a un rosario de desagravio. Los chirigoteros cantaban acerca de las hostias , las que recibieron de chicos, como tantos otros que sufrimos el rigor del fascismo eclesial, brazo armado del franquismo pedagógico. El franquismo en realidad no se ha erradicado de nuestra cultura. Muchos perpetuan su terrorífica presencia social en demasiadas manifestaciones públicas. La iglesia , salvo honrosas excepciones, mantiene los postulados involucionistas de cuando el patas cortas andaba bajo palio y los sacerdotes bendecían los fusilamientos que rubricaba el caudillo. El franquismo sociológico continua latente. La libertad de expresión nunca gustó a los forofos de la mordaza y del garrote vil. En otro pueblo cordobés, Pedro Abad, su alcaldesa ha revisado las letras de dos chrigotas, “Con sotana y a loco” y “Los Juan Palomo”. De la primera publica ABC que la edil les ha pedido que retirara una letrilla en la que se referían a su cuerpo desnudo y supuestos atractivos. La alcaldesa, como el cura, censuró el párrafo y se ha suprimido del repertorio y eliminado del librito de letras. Y como antes, poder político e iglesia van de la mano, la directora del Colegio Sagrado Corazón se ha negado a que este grupo acuda al salón de actos del centro escolar donde está previsto que se desarrolle el concurso local de chirigotas. La tijera y el esparadrapo en la boca. Así se impide que unas fiestas que originalmente surgen de la necesidad de desabrochar la mente y el cuerpo reprimidos, se estén convirtiendo en actuaciones políticamente correctas , asumiendo como escribe hoy Mariano Maresca en País, la moral más reaccionaria y carca de la España carpetovetónica.
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